Darte cuenta que continuamente actúas mal, es tener autocrítica. Pero si nunca te fijas en el daño que causas a las demás personas, lo más seguro, es que te lo digan.
Hay personas que te van a decir lo mal que te comportas, hiriéndote y sin importarles tus sentimientos. Cuando sucede eso, tu te quiebras en mil pedazos, es como cuando clavas la pared para colocar un cuadro. Si te arrepientes de colocarlo, el daño ya está hecho. Mal que mal el orificio que ha quedado en la pared es lo suficientemente feo como para no arrepentirse de que lo que hiciste estuvo malo.
Algo similar ocurre con las personas que te dañan. Si bien intentan corregirte, pero no lo hacen de buena forma. Luego se arrepienten porque ven que te pusiste mal, y solo queda curar esa herida.
Sin embargo, esa misión es tuya. El perdonar y saber hacerlo es la única solución.
Si eres resentido, quizás seria difícil perdonar. En ese caso solo cuestiónate lo siguiente“¿quién soy yo para no perdonar a mis similares?”, todos somos seres humanos, y por lo mismo nos equivocamos un sin fin de veces. Jesús nos perdonó en la cruz, ¿por que no habría de hacerlo yo?
Como mencionaba anteriormente, la autocrítica. “Capacidad de distinguir tus propios errores enfrentándolos”.
Para evitar que te dañen, solo tienes que aplicar en ti, la autocrítica. Una técnica que te ayuda a superar y a madurar día a día.
“Es importantísimo analizarte y ver cuales son tus errores, con eso conseguirás llevarte bien con tu grupo de amigos y encajar sin ningún problema en la sociedad”.


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